Diseño de la Identidad Corporativa

En el emprendimiento, cuando deseo formalizar mi negocio o formar mi propia empresa, todo empieza por la identidad, ningún emprendedor puede dar a conocer al público su negocio o empresa, ni siquiera a sus trabajadores, si no se conoce así mismo, quién es, cómo es, cuáles son las razones por las que inicio mi emprendimiento y como quiero que conozcan mi servicio o producto. Esto es muy importante para alcanzar una imagen legítima y perdurable.

 Para entender mejor, la identidad es el “yo” de una institución, sea empresa, partido político, club deportivo u organización social; y en todos los casos representa la piedra principal de la base.

 En las empresas, la identidad se relaciona con la función de comunicar, es la personalidad de la compañía en el plano cultural y visual, que no se obtiene por generación espontánea sino que requiere talento y esfuerzo. La identidad es uno de los mayores recursos de cualquier empresa, y por eso la responsabilidad de su manejo debe ser compartida por todas las áreas de la organización, desde la gerencia hacia abajo.

 Pero la ausencia de un programa de identidad no significa que la empresa no se identifique o no se comunique; lo hace en todo momento, sólo que de manera espontánea e incontrolada, a través de mensajes dispersos, incluso contradictorios, y de fuentes diversas, que dejan a los receptores el trabajo de unir los extremos sueltos y sacar conclusiones que a menudo no se ajustan a la identidad real de la empresa, o a la que ésta entiende que es real.

 

 ¡Comencemos! primero el nombre

El primer paso es buscar un nombre, clave de la identidad y el discurso verbal. Sólo existe lo que puede ser nombrado, razón por la cuál tanto los individuos como los objetos necesitan ser bautizados, dotados de un nombre que los identifique.

 Para una empresa el nombre es simplemente su activo inicial. Crear un nombre nuevo o renovarlo es un proceso complejo y costoso. Hay mucho dinero en juego, en la creación y sobre todo en la aplicación posterior del nombre en todos los elementos que comunican, desde la papelería comercial hasta los envases de productos y desde los vehículos hasta la publicidad mediática, pasando por los carteles, las etiquetas, folletos y uniforme del personal.

 El trámite de nombrar una empresa y sus marcas requiere dedicación, investigación, y a veces desborda las fronteras del país de origen de la empresa debido a que en la aldea global se debe prever una fácil pronunciación del nombre elegido en distintas lenguas y lugares geográficos.

 Ver: Conceptos básicos para evaluar el nombre de mi empresa

 

 

El símbolo gráfico

 La incorporación de símbolos gráficos convierte a la identidad de las empresas en una verdadera ciencia contemporánea. En lo concerniente a la identidad simbólica, el primer desafío de los diseñadores consiste en meter toda una organización, no importa su tamaño, en espacios milimétricamente minúsculos.

 Nombres y símbolos exigen mucho cuidado y, en teoría al menos deben prepararse para una larga vida. Por ejemplo el simbolo de Nestlé data del año 1867, un pequeño nido, que corresponde al significado del apellido de su fundador, Henri Nestlé.

 Un símbolo como el “swoosh” de Nike, por ejemplo, puede ser percibido de distintas maneras, y es tan impersonal que durante algún tiempo debió ser acompañado obligadamente por el nombre de la empresa. Hoy identifica por sí mismo, y además, no reconoce fronteras ni restringe a la empresa al rubro del calzado deportivo, Nike fabrica otros artículos de consumo masivo.

 

El significado de logotipo suele estar distorsionado y se suele confundir con el significado de marca, de isologo o imago tipo.

Ver: Diferencias entre logotipo, isologo, imago tipo

 

 

Para finalizar, el color

 La identidad empresarial no se agota con palabras, formas y símbolos, también depende mucho de los colores, la identidad cromática. ¿Cuánto le debe la rápida identificación de Coca Cola a su color rojo?

 El ser humano obedece a los colores más que a las palabras. Todo es color, este juega un papel preponderante en casi todas las actividades humanas; en las religiones, en la política, en la literatura, en la moda, en la música, en la poesía y finalmente en las más vinculadas con el mundo de las empresas, el diseño gráfico y la publicidad.

 El color provoca una mayor identificación y participación emocional, brinda coherencia al mensaje y se percibe con más facilidad que la forma. Es una parte imprescindible de la identidad, lo que asegura una rápida captación y recordación. No necesita ser explicado ni traducido; actúa como amalgama de los demás elementos, el nombre y la forma del isologo, logrando así un conjunto coherente y altamente comunicativo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía: “Publicidad, diseño y empresas”, Alberto Borrini, Infinito.

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